Presentación       

        

          Apreciados lectores, esta selección de poemas que tenéis aquí presente, en esta página web, criatura de mi conciencia, pertenecen a mi primer libro de poesía (actualmente en prensa) titulado “El rocío que no cesa”. Es difícil, por no decir casi imposible, que un padre pueda hablar mal de un hijo por muy feo que este sea o por poca gracia que el filius tenga. Por lo común, el amor nos ciega colocando una tupida venda de sedoso raso sobre los ojos para que no veamos sus faltas, y, antes de todo, de haberlas las juzgamos con indulgencia. No quisiera yo caer en esos defectos y por ello, no expresaré juicio alguno sobre este recién nacido, no obstante me atreveré, eso sí, con mucho temor y algo de osadía, a llevar a cabo su presentación.      

         De seguro, que este hijo de mi pluma aún no está preparado para iniciar sus primeros pasos y caminar por las duras colinas y profundos valles de las tierras hispanas, y muchos menos por aquellas más lejanas, pero, resulta que – por decirlo de alguna manera – ha sido el fruto de un parto prematuro, sietemesino, e inesperado, aunque no por ello menos  deseado; es, ya veis, la secuela de la necesidad. Por ello, queridos lectores, os suplico seáis compasivo y benévolo con estos poemas, y a la par conmigo, porque cierto es que de no haber nacido de esta forma, es posible que no hubiera visto nunca la luz del día y ello debido a mi propia cobardía.

         Su primer verso lo escribí a finales del año dos mil y la obra abarca, más o menos, una década de mi vida. Este trabajo poético no es, en absoluto, un conjunto homogéneo, monolítico o estructurado, que responda a un sentido u objetivo literario específico, todo lo contrario; es un cúmulo progresivo de “emociones con ritmo” que necesariamente fueron decantándose sobre las hojas del tiempo. Ha sido la consecuencia inevitable de la fatalidad o del destino imperioso que tiene este poeta que os escribe de ofreceros sus, buenas o malas, creaciones.

         De igual forma que el “amor no es literatura si no se puede escribir en la piel”, como bien afirma en una de sus canciones Joan Manuel Serrat, la Poesía no lo es si no termina en el Pueblo. El poeta, como tal y en mi creencia, se define y existe por el lector; sin el Pueblo no hay Poesía. Y afirmo “Pueblo” porque creo sobre todo en la Poesía sencilla, clara y, a su vez, profunda, sin excesivas y complicadas imágenes mentales y/o simbólicas, y comprensible para los lectores más humildes. A pesar de que el poeta cuando escribe sólo suele pensar en ser lo más auténtico posible consigo mismo y con su propio lector interno, en última instancia es el Pueblo quien se apropiará de sus poemas y en el cual seguirán existiendo.     

         Un ejemplo diáfano de lo que vengo a decir, sobre una poseía asequible, lo es este hermoso poema que Antonio Machado escribe en el recuerdo de su amada y difunta esposa  Leonor: 

 

Poema a Leonor


Allá, en las tierras altas,

por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, entre plomizos cerros

y manchas de raídos encinares,

mi corazón está vagando, en sueños...

¿No ves, Leonor, los álamos del río

con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame

tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía,

bordados de olivares polvorientos,

voy caminando solo,

triste, cansado, pensativo y viejo.

 

Antonio Machado (1914)

                  

                  

 

         La Poesía es, por encima de todo, ritmo y contenido. Es cierto que deben tenerse en cuenta los planos fonológicos, sintácticos y léxicos, pero, en mi opinión, la Lírica nace con tal de que exista ritmo y semántica.  

         La Poesía significa compromiso, reivindicación y esperanza. Es fuente de inspiración, posada cálida y hogareña, y refugio de tempestades. Santo cáliz de la cordura y oráculo de la filosofía. También es aroma, color, sabor y música, tristeza y alegría, reflexión y locura quijotesca,... 

         Gabriel Celaya, en su poema “La Poesía es un arma cargada de futuro” (De “Cantos iberos”, 1955), expresa magistralmente, aparte de otros más, bastantes de los aspectos que he citado con anterioridad:           

                                      

La Poesía es un Arma cargada de futuro

 

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmando, 
como un impulso que golpea las tinieblas, 

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

 Maldigo la poesía concebida como un lujo 
 cultural por los neutrales
 que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
 Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

 Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
 y canto respirando.
 Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
 personales, me ensancho.

 Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
 y calculo por eso con técnica qué puedo.
 Me siento un ingeniero del verso y un obrero
 que trabaja con otros a España en sus aceros.

 Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
 a la vez que latido de lo unánime y ciego.
 Tal es, arma cargada de futuro expansivo
 con que te apunto al pecho.

 No es una poesía gota a gota pensada.
 No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
 Es algo como el aire que todos respiramos
 y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

 Son palabras que todos repetimos sintiendo 
 como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
 Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
 Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 

          Ya quisiera yo, os lo aseguro, que mi verso se aproximara acaso un ápice a los de Antonio o a los de Gabriel y brotara de los mismos manantiales, pero me voy a contentar – y para mí mucho es – con el hecho de que este vástago precoz inicie su singladura más marinera que manchega, mas no menos Quijotesca.

 

           Aquí os dejo – para acabar – esta selección de poemas, la mayoría de ellos escritos bajo el sol de Andalucía, en las mañanas de fresco poniente o seco levante, y frente a “la mar”. En la playa gaditana de “La Caleta”, del Barrio de la Viña, en donde las musas de mi inspiración tienen por costumbre descansar.

 

              Ellos huelen a marisma y están cristalizados por la blanca sal de Gades.

 

                     

Juan Delgado Muñoz