En una fría tarde de poniente

la pleamar languidece malherida.

El arrecife aflora por su herida

y un sol de ocaso agrede impunemente.

 

La espuma rumorosa se derrama

entre leves suspiros, sigilosa,

sobre la fina arena granulosa,

de una playa triste; de un viejo drama.

 

¡OH!, en aquesta postrera hora callada

siento que mi aliento liviano expira,

quizás, deshaciéndose hacia la nada.

 

Mi pobre alma, por temor, sólo aspira,

en esta incierta y lúgubre morada,

como el Fénix, a surgir de su pira.

 

  Cádiz, 08 de julio de2008