No fue preciso volver la mirada.

Sólo tu recuerdo es suficïente

 para vivir una muerte aparente,

 para transformarme en piedra salada.

 

Mi culpa fue la ausencia empecinada.

 Desde aquellos años de adolescente

 falto de ti y vivo en destierro ausente,

 esta noche larga, oscura y callada.

 

Trocado por el viento en sal marina,

 mi corazón en el exilio añora,

 de los esteros, su luz cristalina.

 

Mi sangre, densa salmüera albina,

salazona mi memoria y elabora

tus alegorías entre la sapina.

 

Cádiz, 11 de mayo de2008