Ensortijada viña jubilosa

de verdejas uvas atavïada,  

¡cuán! bella tu parra serpenteada

luce ovalada su fruta jugosa.

 

Reservada y oculta, vive dichosa 

aquesta dulce voluta sagrada,

en fértil Carmelo y ensimismada.

¡Oh! mi Señora, amada y tan hermosa,

 

ante tí me inclino y pido postrado,

– al final de este escabroso camino –

en tu seno acojas a este Cruzado.

 

¡Oh! Generoso manantial cetrino,

que alegras mi vida de enamorado,

deléitame con tu néctar divino.

 

Para Carmen

 

Cádiz, 18 de diciembre de 2009