Se hizo vendaval la brisa callada

entre los pajizos chopos del río.

La floresta, despeinada por el brío,

su clara voz templó en la madrugada.

 

Indómitas las hojas, y en manada,

maquilladas de escarcha por el frío,

ocultas están bajo el tronco sombrío

para oír con atención la maitinada.

 

El aire afina las frágiles ramas

y una desconsoladora letanía

la leonada alameda derrama.

 

El viento regresa con su sinfonía,

ejecutando fiel su pentagrama.

¡Parecïera! estar el bosque en llamas.

 

Cádiz, 16 de agosto de 2009.