I

                                                         

                      La fe 

 

!Qué suerte¡ ¿quién la puede poseer?.

Con ella !todo! tiene explicación,

pese a no tener sentido y razón.

Con ella no se teme fenecer.

 

Más, yo no la merezco, al parecer,

pues nunca encontré su ubicacïón,

ni jamás comprendí su solución

del porqué morir y el porqué nacer.

 

No soy crédulo y todo lo cuestiono

y, pese a mi corazón inquietar,

esta duda a mi mente satisface.

 

Ni su Dios, ni el destino, ni el altar,

sólo lo verificable me place

aunque nada descarto ni abandono.

 

Cádiz, 22 de agosto de 2009

 

                          II

 

                  La duda (1)

 

Honrado y provechoso es mi dudar

bien que no todos los dilemas zanje.

Lo duditativo no me engaña en el canje

y sïempre me obliga a meditar.

 

Cierto es que la fe el miedo ha de espantar.

Al igual, la duda cual corvo alfanje

hace que mi pïel frágil se sanje

y la desazón me ha de provocar.

 

Más la fe aletarga el pensamïento

 ante el pavor que da la ignorancïa

impidiendo todo conocimiento.

 

Tiempo hace, y a mi manera os comento,

que Tales dijera con arrogancia:

"El dogma impide el librepensamiento".

 

Cádiz, 27 de agosto de 2009

 

<< El dogma momifica el error en una mortaja

  pétrea y hace imposible el progreso >>

 

Tales de Mileto 

 

 

                         III

 

                  La duda (2)

 

Quien en sus propias dudas sólo confía

de continuo preguntarse precisa,

debatir y reflexionar sin prisa,

y al final sólo el recelo le guía.

 

Quïen sólo posee esta ambrosía

honesto es con la verdad insumisa

y vive en forma acertada, a su guisa,

aunque alto tributará por su osadía.

 

Müy doloroso esto es, considero,

servir a este "credo" patitüerto

que a penas satisface el desconcierto.

 

Si bien, y ya se dijo con esmero,

lo que no está envüelto por lo incierto,

de seguro que no será cïerto.

 

Cádiz, 28 de agosto de 2009