Este poema, construido en rima asonante, mediante cuartetas y soleares octosílabas (un tipo de metro, en mi opinión, muy andaluz), está dedicado a la Nympha Calipso. Esta Deidad mitológica habitaba en la Isla Ogygia (algunos autores la sitúan en la actual Ceuta) en donde acoge a Ulises el sufrido, después de naufragar cuando volvía con sus compañeros de la Guerra de Troya (La Odisea). La Diosa se enamora perdidamente del Héroe humano y consigue con sus excelsas habilidades retenerlo durante más de siete años – según algunas fuentes -, pero el marino añora Íthaca (su tierra natal en donde es Rey) y a su esposa Penélope, y a su hijo Telémaco. La Diosa Minerva aboga ante Zeus por la libertad del Griego, y el Dios del Trueno envía a Hermes a la Isla Ogygia para que Calipso cumpla su ordenamiento y lo deje marchar. La Nympha de los cabellos rubios cumple el mandato del Olimpo, pero expresa su amargo y profundo pesar en esto versos.  

     El poema, en su fondo, nos invita a reflexionar sobre el desamor y el abandono por parte del ser amado; la soledad y el sufrimiento de lo inevitable.