En el Capítulo XV del Primer Tomo de nuestro querido “Quijote”, Cervantes relata la desgraciada aventura que tuvo Don Quijote cuando se topó con unos desalmados yangüeses. Ello acontece porque a Rocinante se le antojó refocilarse con unas hacas galicianas, y de ahí vinieron todos los quebrantamientos de huesos y molimientos que padecieron Sancho, Rocinante y Don Quijote. Sólo el jumento se salvó de tal apaleamiento, y de lo cual se maravillaba Sancho; como bien afirma el escudero, el burrillo quedó libre y sin costas donde ellos salieron sin costillas.

Con humildad y mucho respeto por la obra de Cervantes, en este poema de rima libre, se intenta, sin mucha pretensión lírica y sí algo jocosa y entretenida, darle voz a Rocinante para que nos cuente él mismo cómo sucedió todo.

Bueno, ahí les dejo con él...