Anegados son mis labios 

de ese rocío que no cesa.

Recogedlo todo quiero,

y no puedo;

¡cuánto me pesa!

 

 

Mis espinas han herido

lo más profundo de la tierra.

El mar no tiene consuelo

y su llanto me destierra.

 

(Para Carmen)

Cádiz, 19 de octubre de2007