Con cierto atino y buen resultado,

me he defendido en la vida

con este sencillo y fiel postulado:

 

“Con lo ínfimo no se corre peligro,

y si es lo justo resulta ser lo adecuado.

Mas, lo excesivo siempre fina por nocivo.”

 

Pero, desde que te encontré, para mi sufrir,

y de tus livianos y rojos labios bebí,

ya no me sirve éste, mi viejo axioma,

 

pues tus besos;

 

“Cuando son pocos no son suficientes,

y si justos me los ofreces no es lo oportuno,

sólo para mí lo excesivo es lo deseado.”

 

               

Cádiz, 6 de septiembre de 2012